lunes, 5 de abril de 2010

EXPLOTACIÓN CONSERVACIONISTA DE LA NATURALEZA

Una de las formas más realistas de conservar la naturaleza es hacerla producir sin destruirla; es decir, obtener los beneficios que una comunidad natural puede proporcionar sin conducirla hacia un deterioro irreversible. No todas las comunidades naturales tienen la misma flexibilidad para permitir una explotación racional: algunas pueden ser explotadas con relativa intensidad sin ser destruidas, pero otras sufren serias alteraciones aun bajo presiones de explotación moderadas. Para conocer el potencial productivo de una comunidad natural se requiere de un conocimiento biológico y ecológico profundo de su composición, dinámica y productividad de biomasa, que permita determinar cuánto es posible extraer de su flora o de su fauna sin alterar su equilibrio.
De hecho, a veces la prohibición total del uso de cierto recurso puede ser más perjudicial para su conservación que su explotación racional, ya que lleva a la gente a explotarlo ilegalmente o a destruir su hábitat para destinarlo a otro uso productivo. De esto se darán ejemplos más adelante.

De las diferentes comunidades naturales que componen el espectro biológico de México, las más aptas para una explotación racional conservacionista son los bosques de coníferas y posiblemente los pastizales naturales. Otras comunidades también pueden ser explotadas, aunque los riesgos de deterioro aumentan en función de la diversidad de especies, la productividad en términos de biomasa y la fertilidad del suelo. Por ejemplo, los recursos forestales de las muy diversas selvas tropicales son difíciles de explotar sin causarles deterioro, pues la alta diversidad de especies de árboles determina que los requerimientos para que cada una de ellas regenere sus poblaciones sean diferentes, y que las complejas interacciones bióticas entre las plantas, y entre éstas y los demás componentes de la comunidad viva sean alteradas fácilmente.

En comunidades áridas pobladas por plantas de lento crecimiento y en áreas de suelos muy pobres en nutrientes, los problemas de explotación son diferentes a los que ocasiona la alta diversidad, pero no por ello son menos difíciles de resolver. Por ejemplo, el pastoreo de cabras en una zona árida podría ser visto como una solución al problema de la explotación de estas regiones, pero ese pastoreo va a tener consecuencias más serias sobre muchas de las especies vegetales de lento crecimiento que el pastoreo de vacunos en un pastizal natural bien manejado, en el que se respete el coeficiente de agostadero.

La explotación de bosques de estructura relativamente sencilla y baja diversidad de componentes arbóreos, como la mayoría de los bosques de coníferas, puede realizarse con éxito siguiendo normas ya bien conocidas, por ejemplo, entresacar los árboles maduros, procurando mantener una buena repoblación natural y contribuyendo a ésta con la introducción de plántulas producidas en viveros, de todas las especies que se explotan en la comunidad. Para que la explotación tenga éxito sostenido deben tenerse bajo control otros factores de disturbio como el pastoreo y el fuego. De esta manera el bosque se convierte en una importante fuente de ingresos para los pobladores del área, quienes tratarán de mantener su patrimonio evitando ellos mismos los agentes destructivos. Esto es exactamente lo contrario de lo que ocurre cuando se prohíbe totalmente la explotación de los bosques, pues en estas circunstancias, al no obtener ningún beneficio del bosque, los habitantes del área no cuidan el recurso, y practican el pastoreo, las quemas, el ocoteo y a veces la tala clandestina, o recurren a acciones como el cinchamiento (estrangulamiento de la base del tronco con un alambre apretado) de árboles para provocar su muerte y justificar así su derribo y la apertura de terrenos a la agricultura y al pastoreo.

El bosque bien explotado puede proveer también de otros recursos, como fauna cinegética, hongos comestibles, cierta cantidad de leña y carbón, y conferir atractivo al paisaje, lo que trae otros beneficios económicos como el turismo y el excursionismo, además de todas las ventajas ya mencionadas relacionadas con la conservación del suelo y de los ciclos hidrológicos.
En las zonas áridas con baja densidad de población, una forma de explotación poco explorada es la creación de cotos de caza en donde la fauna cinegética (de interés para el cazador) pueda reproducirse, incluso ayudada por medio de criaderos, de manera que se pueda ofrecer al año un cierto número de cabezas de las especies cinegéticas a los cazadores, quienes tendrán que pagar los derechos de uso del coto.
Este manejo ha dado buenos resultados en otros países (Gómez-Pompa, 1985; figura 24). Estos cotos asegurarían la conservación de especies como el berrendo, el borrego cimarrón, el venado bura y de cola blanca, y otras que, bajo la presión de la caza ilegal y la destrucción de sus hábitats, estarían, a corto o a largo plazo, destinadas a desaparecer. Es posible que pueda aplicarse una estrategia similar en zonas cálido-húmedas.

El establecimiento de criaderos de animales que actualmente están sometidos a una fuerte presión por parte de los cazadores podría ser una forma de asegurar su perpetuación. El cocodrilo, las boas, el pecarí de collar, el tepezcuintle, el serete (Dasyprocta spp.)pueden criarse en cautiverio con relativa facilidad, lo cual disminuiría la presión sobre las poblaciones silvestres y permitiría repoblar áreas en las que escasean.

Con respecto a la flora, es necesario realizar más investigaciones sobre las potencialidades de muchas especies nativas para ser usadas en programas de repoblación y reforestación en lugar de las especies introducidas, e incluir en estos programas especies en peligro de extinción que puedan tener una potencialidad productiva aún desconocida.

Para disminuir la presión sobre las poblaciones naturales de cactáceas, otras plantas suculentas, orquídeas y otros tipos de plantas muy buscados por su valor ornamental, es necesario buscar mecanismos de propagación que incluso pueden ser puestos en práctica por los mismos pobladores de las áreas en que se encuentran estas especies y servir así como otra fuente de recursos económicos. En muchos países la propagación por el método de cultivo de tejidos vegetales se practica ampliamente con el propósito de obtener plantas, al igual que el establecimiento de viveros. Los procedimientos son tan conocidos que no es necesario tener un entrenamiento muy avanzado para dominarlos.

La explotación de las selvas de las zonas cálido-húmedas ofrece serias dificultades en todo el mundo; sin embargo, hay procedimientos que permitirían la explotación de ciertas especies valiosas para disminuir la presión sobre las áreas naturales conservadas. Estos consisten en el uso de los sitios con vegetación secundaria como lugar para repoblar con mezclas de árboles de especies apreciadas por su madera u otros usos. Además, deben buscarse procedimientos para obtener recursos de las selvas sin causar su alteración irreversible.

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