lunes, 5 de abril de 2010

CONTAMINACIÓN

El efecto directo de los contaminantes de origen urbano e industrial sobre las comunidades naturales es difícil de evaluar en la mayoría de los casos, salvo en el de la lluvia ácida que es bien conocido y ha sido descrito con detalle en regiones boscosas y lacustres de Suecia, Alemania, Checoslovaquia, Estados Unidos y Canadá. Este fenómeno consiste en la formación de óxidos anhidros de azufre y nitrógeno durante la combustión de petróleo y carbón y sus derivados, que en contacto con el agua se transforman en los ácidos respectivos. El efecto de la lluvia acidificada con estos ácidos es particularmente grave en los terrenos derivados de rocas muy pobres en calcio. Los árboles y los cuerpos acuáticos de estos sitios sufren graves daños que han sido documentados con mucho detalle en Suecia. En México este fenómeno ha sido insuficientemente evaluado, aunque los suelos muy pobres en calcio son poco frecuentes en el país.

María de Lourdes de la I. de Bauer y T. Hernández Tejeda (1986) describen una serie de efectos de los contaminantes como el ozono, el dióxido de nitrógeno, el nitrato de peroxiacetilo y otros contaminantes atmosféricos sobre árboles y otras plantas que crecen en las ciudades, y en bosques y cultivos cercanos a éstas. Inclusive se describen los efectos de los contaminantes como el ozono sobre el bosque de Pinus hartwegii. Se encontró que, en esta especie, los daños son severos en la zona del Desierto de los Leones y del Ajusco. Parece que la contaminación puede estar causando la desaparición de estos pinos en esas zonas cercanas a la ciudad de Mexico.

Una de las zonas afectadas por la contaminación que han sido mejor estudiadas es la región inundable de la desembocadura del río Coatzacoalcos en el sur del estado de Veracruz (Centro de Ecodesarrollo, varias publicaciones). Esta zona contiene varios centros urbanos como Minatidán, Coatzacoalcos y otros poblados, además de una impresionante infraestructura de procesamiento de petróleo, explotaciones de azufre y numerosas industrias relacionadas con estos dos recursos naturales. Todo esto colinda con el propio río, su región estuarina y un sistema de pantanos muy extenso y variado. Se trata de una de las zonas más contaminadas del país, que contiene, al mismo tiempo, un conjunto de comunidades acuáticas sumamente variado y rico en especies de plantas y animales. Los resultados de esta interacción han sido la destrucción extensiva de la mayor parte de las comunidades naturales y el grave deterioro de las que aún existen. El Centro de Ecodesarrollo ha estudiado los problemas de esta región con detalle.

De todas las sustancias contaminantes que entran en contacto con la flora y la fauna, las más peligrosas son aquellas que se degradan lentamente y que por tanto tienden a acumularse en el ambiente, así como los contaminantes que no pueden ser excretados por los animales y alcanzan concentraciones crecientes en los tejidos en función dd nivel trófico que ocupa cada especie animal. Esto quiere decir que aunque su concentración sea baja en el ambiente, los herbívoros, al consumir continuamente plantas contaminadas, van concentrando estas sustancias en sus tejidos; los carnívoros las concentran aún más altas; y los animales carroñeros, que comen tanto herbívoros como carnívoros, pueden tener concentraciones tisulares aún más altas. Algunos contaminantes que se comportan de esta manera son el mercurio y el plomo, y ciertos insecticidas clorados como el DDT

El fenómeno anteriormente descrito parece estar directamente relacionado con la drástica reducción de aves de rapiña y carroñeras en grandes extensiones del territorio de México. Es bien sabido que estas aves son particularmente sensibles a las altas concentraciones de insecticidas clorados que causan daños en su oviposición, impidiéndoles formar huevos con la dureza suficiente para ser empollados sin ser destruidos. La desaparición de este tipo de aves tiene consecuencias en el resto de la pirámide trófica, como la proliferación de roedores nocivos y la falta de aves eliminadoras de carroña.

El uso de fertilizantes en los campos de cultivo, que después son lavados por la lluvia y arrastrados hacia ríos y lagos, puede llegar a tener un efecto muy importante sobre la flora y la fauna acuática. El incremento de nutrientes disponibles para el crecimiento de las plantas, como fósforo y nitrógeno, ocasiona una proliferación de cianobacterias y otras algas, así como malezas acuáticas como el lirio acuático y la lentejilla de agua; además, la proliferación de algas ocasiona un incremento en la materia orgánica en suspensión, lo que a su vez provoca una proliferación de microorganismos y una reducción del oxígeno disponible. La proliferación del lirio y la lentejilla acuática ocasiona una reducción de la iluminación del agua que mata a la flora benéfica del fondo y al fitoplancton, así como otros cambios en la temperatura y oxigenación del agua. En este caso también se incrementan las pérdidas de agua por evapotranspiración del lirio (Penfound y Earle, 1948).

Vemos que la eutroficación es un agente importante en la alteración de las comunidades acuáticas naturales, que puede estar alterando algunos cuerpos acuáticos cercanos a importantes zonas agrícolas. Un ejemplo de vaso eutroficado lo tenemos en la Presa Rodrigo Gómez, de Nuevo León, que surte parte del agua a la ciudad de Monterrey; pero al parecer este problema ya está resuelto. La presa estaba eutroficada por la llegada de aguas residuales y negras de varios poblados; sedimentos de terrenos en proceso de erosión y desechos agrícolas y ganaderos, entre ellos residuos de fertilizantes. Todo esto ocasionó la proliferación masiva de plantas vasculares acuáticas como la elodea, el lirio acuático y un pasto acuático, que invadieron todo el vaso. Las tres especies son introducidas en la cuenca. La proliferación exagerada de estas plantas trajo consigo problemas en la navegación, la práctica de la pesca, aceleración del azolve y proliferación de microorganismos por el exceso de materia vegetal en descomposición. Esto último ocasionó una disminución en el nivel de oxígeno disuelto que afecta a la fauna y al fitoplancton. En estos casos deberá evitarse el uso de herbicidas tóxicos para solucionar el problema, pues algunos son residuales y pueden afectar también a la fauna del vaso (Contreras- Balderas, 1975).

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