lunes, 5 de abril de 2010

ESPECIES DE PLANTAS Y ANIMALES EN PELIGRO

TODAS las formas de deterioro del medio ambiente natural que han sido descritas en los capítulos anteriores han puesto en peligro la existencia continua de muchas especies de plantas y animales y de hecho han provocado ya la extinción de muchas de ellas, pero la susceptibilidad de las especies a desaparecer depende de varios factores intrínsecos como su rareza, su vulnerabilidad y su capacidad de reproducirse y adaptarse a nuevas situaciones, entre otros. Además, hay que tomar en consideración el grado en que las especies individuales están siendo afectadas por las actividades humanas que van dirigidas directamente en su contra, sin afectar a la comunidad en la que se encuentran, como pueden ser la extracción selectiva o la explotación dirigida a ciertas especies, o la caza orientada sólo a los animales más conspicuos de una comunidad

RAREZA DE LAS ESPECIES

El grado de rareza de una especie depende de su distribución y abundancia sobre la superficie de la corteza terrestre. De acuerdo con la clasificación de Deborah Rabinowitz y colaboradores (1986) del grado de rareza de las plantas de las islas británicas, pudieron definirse varios niveles de rareza que también son aplicables a otras regiones y a especies animales del mundo. Estos niveles de rareza se basan en tres características de las especies: 1) la amplitud de su distribución geográfica, que va de especies que se encuentran sobre una superficie muy amplia a especies que se encuentran sólo en un área pequeña; 2) la especificidad del hábitat, que se define por el grado en que la especie puede adaptarse o no a diferentes ambientes o sólo se le encuentre en sitios de características muy especiales, y 3) el tamaño de las poblaciones en cada localidad donde se encuentra la especie, que va desde aquellas que siempre se encuentran en poblaciones numerosas en cualquier lugar de su área de distribución, a las especies que siempre se encuentran en poblaciones muy pequeñas.

Con base en los criterios anteriores las especies más comunes serían aquellas que tienen una amplia distribución geográfica, amplia capacidad para adaptarse a diferentes hábitats y poblaciones relativamente numerosas en donde quiera que se encuentren. Estas son precisamente las características de muchas de las especies que se han beneficiado de la acción del hombre sobre el ambiente natural, adaptándose a los ambientes perturbados. En este grupo no encontramos ni plantas ni animales en peligro sino más bien especies invasoras.

Existen especies que tienen una amplia distribución geográfica y una amplia adaptabilidad a diferentes ambientes naturales, pero están siempre representadas por poblaciones muy poco numerosas y actualmente muchas de ellas se encuentran en serio peligro de extinción en gran parte de su área de distribución. Un ejemplo típico de esta condición es la actual situación en que se encuentran los grandes carnívoros de México: el lobo, el puma y el jaguar. Las tres especies tienen una amplia distribución en América y se encontraban en diversos tipos de ecosistemas naturales, pero debido a la cacería y a la persecución de la que han sido objeto, así como a la destrucción o reducción de la superficie de las comunidades en que se encontraban, actualmente son especies en serio peligro de extinción en el territorio mexicano, sobre todo el lobo y el jaguar

Un ejemplo de plantas de amplia distribución geográfica pero que se encuentran siempre en ambientes muy específicos y en poblaciones relativamente numerosas son algunas plantas carnívoras del género Utricularia que se encuentran en partes restringidas de los pantanos tropicales. Estos ambientes se están reduciendo drásticamente o están siendo tan contaminados que posiblemente estas especies estén en peligro de extinción en México por lo restringido de su hábitat.

Entre los animales, un caso similar al anterior es el del conejo de los volcanes o zacatuche; su distribución geográfica se restringe a los zacatales que se encuentran en terrenos situados a una altura de entre 2 650 y 4 500 m.s.n.m. en varias de las principales montañas del Eje Neovolcánico. Sus poblaciones en cada localidad fueron relativamente numerosas, pero se reducen cada vez más por el efecto de la cacería y la destrucción del hábitat, dada su frecuente cercanía a zonas urbanas. Actualmente se le encuentra sólo en pocas localidades de su distribución original (Ceballos-González y Galindo-Leal, 1984).

Tres casos interesantes de distribución geográfica muy restringida, gran especificidad de hábitat y poblaciones poco numerosas se describen a continuación. La conífera Picea chihuahuana es un tipo de abeto que se encuentra en algunas zonas muy restringidas, aproximadamente a 2 400 m.s.n.m. en la Sierra Madre Occidental, entre Chihuahua y Durango, formando poblaciones de unos cuantos cientos de individuos (Figura 20). Actualmente el fuego, el pastoreo y la tala clandestina tienen a esta especie al borde de la extinción (Sánchez-Córdova, 1984). Es muy importante conocer cuanto antes los recursos vegetales del país antes de que muchos de ellos desaparezcan y se extingan delinitivamente. Un ejemplo reciente de un descubrimiento singular es el caso de la planta encontrada en la hojarasca de una localidad de la selva lacandona de Chiapas, Lacandonia schismatica, que por tener una peculiar anatomía floral se constituyó en una nueva familia, género y especie para la ciencia. Este es un caso extraordinario, dado el amplio conocimiento que se tiene de las plantas. Esta planta tiene una distribución muy restringida, una talla muy pequeña y un hábitat muy peculiar, así que hubiera podido fácilmente pasar inadvertida, ya que el área en que se encontró estaba en grave peligro de ser deforestada (Martínez y Ramos, 1988).

Entre los animales, podemos mencionar al extremadamente raro guan cornudo o pavón, que es un ave de tamaño grande que sólo habita en escaso número en el bosque de niebla de algunos volcanes de la Sierra Madre, en Chiapas, y en partes adyacentes de Guatemala. Actualmente se encuentra en serio peligro de extinción.

CAUSAS DE LA EXTINCIÓN DE LAS ESPECIES

En México, las especies de plantas y animales que se encuentran en peligro de desaparecer se hallan en esta situación por dos motivos principales: la sobreexplotación de los individuos de cada especie y la destrucción de su hábitat natural. Sin embargo, no debe olvidarse que existen otros efectos indirectos de la actividad humana que pueden a la larga conducir a una alteración más rápida de las posibilidades de sobrevivencia de una especie, como la introducción de nuevos organismos competidores o predadores en las comunidades, la introducción de nuevas enfermedades y parásitos, la eliminación de otras especies que efectúan alguna función importante como servir de alimento, polinizar las flores, dispersar las semillas, etc. Finalmente, la reducción y fragmentación de la población de una especie causa también pérdida de la variabilidad genética, con la consecuente disminución de la adaptabilidad a los cambios y por lo tanto de su potencialidad para sobrevivir al efecto de las alteraciones del ambiente.


Existe una multitud de ejemplos de sobreexplotación, la cual consiste básicamente en tomar de las poblaciones silvestres más individuos de los que pueden ser reemplazados por la fertilidad natural de la especie. Entre los animales puede darse el ejemplo clásico del bisonte del sur de Estados Unidos y norte de México, cuyas poblaciones se mantenían numerosas, a pesar de que las tribus nómadas de esas regiones sacrificaban continuamente cierta cantidad de individuos para su manutención. Al llegar las armas de fuego, los caballos y la ganadería, la tasa de eliminación de individuos fue superior a las posibilidades de recuperación que tenía la especie, de manera que pronto el bisonte estuvo al borde de la extinción y sólo sobrevive, hoy en día, en algunos parques nacionales y reservas (Figura 21).

En situación similar se encuentran muchas otras especies cuyas poblaciones se han reducido al mínimo. Para citar algunos ejemplos mencionaremos al cocodrilo y al manatí, que abundaban en los cuerpos acuáticos de las costas mexicanas, así como varias especies de patos y gansos, el lobo, las dos especies de osos mexicanos, el tapir, el jaguar, el mono araña y muchísimas otras.
Entre las plantas, la extracción excesiva de individuos de ciertas especies también las ha puesto en peligro de desaparecer sobre extensas áreas. Un ejemplo bien conocido es el caso del palo fierro (Olneya tesota), que es utilzado por los indios seris para hacer artesanías de madera. La popularización del uso a mayor escala de esta bella clase de madera en poblaciones de Sonora como Hermosillo, Caborca, Peñasco y Bahía Kino ha provocado una disminución en las poblaciones explotables (árboles grandes) de la planta, que es de lento crecimiento.

Existe un gran número de especies de orquídeas, cactáceas y pequeñas palmas, usadas como plantas de ornato, que están siendo extraídas con la finalidad de surtir la demanda de estas plantas en México y principalmente en el extranjero. Esta extracción está poniendo en peligro su sobrevivencia, ya que se sabe poco acerca de su abundancia y capacidad de reproducción.
En el estado de Zacatecas existe un pino piñonero endémico (Pinus maximartinezi) sobre un área muy reducida de sólo 6 km². La explotación de los enormes piñones de esta especie la está poniendo en peligro de extinción, pues el reclutamiento de nuevos individuos ha cesado (Sánchez-Vélez, 1987).

La destrucción o reducción del hábitat natural es sin duda el principal factor que está poniendo en peligro la sobrevivencia de la mayoría de las especies, pues una vez destruido el medio ambiente al cual una especie está adaptada, su posibilidad de recuperarse a través de la reproducción queda virtualmente eliminada. Por ejemplo, es posible dictar leyes estrictas que eviten la cacería de los primates mexicanos, pero si su hábitat, que es la selva cálido-húmeda madura, continúa fragmentándose y disminuyendo en superficie, los primates estarán irremediablemente condenados a la extinción, pues para encontrar los recursos alimentarios que necesitan para sobrevivir se requiere de la existencia de fragmentos relativamente extensos de este tipo de comunidad vegetal.

En la región de Los Tuxtlas, Veracruz, para la Estación de Biología de la UNAM, que se encuentra en esa zona, se ha reportado la existencia en la vegetación no alterada de 315 especies de aves pertenecientes a 44 familias. La destrucción de la selva causaría la desaparición de la gran mayoría de ellas, pues las características de las áreas abiertas no son propicias más que para unas cuantas especies presentes en la selva. Así, las áreas abiertas son colonizadas principalmente por otras especies de aves que invaden la región, procedentes de zonas ya perturbadas (Coates-Estrada y Estrada, 1985).

Con respecto al efecto de los otros factores mencionados al principio de este inciso, es mucho menor lo que se sabe sobre casos particulares. Sin embargo, es de suponerse que cuando las poblaciones son pequeñas y aisladas, el apareamiento entre individuos cercanamente emparentados debe conducir a un incremento en la presencia de defectos genéticos y a una disminución de la variabilidad y capacidad adaptativa. La viabilidad que tiene una población para continuar existiendo depende del número de individuos que la componen, la cual depende, a su vez, de la existencia de una superficie mínima habitable que le permita llevar a cabo sus funciones vitales y reproductivas. La superficie que constituye el área mínima indispensable para la sobrevivencia de cada especie varía notablemente en relación con la posición de la especie en la pirámide trófica del ecosistema del que forma parte.

En el caso de las plantas, existen especies representadas por muchos individuos en una superficie pequeña y otras representadas por individuos muy aislados en amplias superficies. Lógicamente, en el segundo caso será necesaria la preservación de una gran área de la comunidad natural para asegurar la reproducción y el mantenimiento de la variabilidad genética de esas especies.
Entre los animales, el área mínima varía notablemente en relación con el tipo de alimento consumido, de manera que los herbívoros pequeños poco especializados en su dieta requerirán de superficies mucho menores que los carnívoros de gran talla, que consumen mamíferos y aves grandes. Por ejemplo, se calcula que un solo jaguar necesita entre 25 y 30 km² pra obtener su alimento, de manera que una población viable de jaguares requiere una superficie mucho mayor que ésta. Otros aspectos del comportamiento de las especies, como su territorialidad y su grado de sociabilidad, también son importantes en la determinación de la superficie que requieren para sobrevivir.

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